No Comprendido, Pero Aceptado.
Eran ojos curiosos, azules, llenos de vida, se mostraban espontáneos ante él, con su suave pestañeo violáceo y Broly supo de alguna forma que esté niño era especial en su peculiar forma. Lo sabía desde la primera vez que lo vio, bullicioso, sonriente, juguetón con el hijo de Kakarotto. Tenía algo que lo llamaba a proteger y servir, tal vez era la llamada sangre real que Vegeta presumía por sus venas en el linaje que lo precedía; tal vez ese algo era él cediendo al llamado del lacayo que su familia fue en el planeta Vegeta. O quién sabe, tal vez solo fue su inconsciente gritándole algo desconocido para el mismo Broly.
—Oye, grandote, ¿Por qué me miras tanto? — sus cejas se juntaron, sus ojos se entrecierran, era una expresión interrogante dada por un muchachito de muy baja estatura a un hombre de casi dos metros. Broly no dijo nada, ido en su ensoñación como estaba, tardó en registrar la voz del infante. Y cuando lo hizo, lo miro a los ojos otra vez, con la voz suave que tanto lo caracterizó, respondió a la pregunta un poco apenado al haber sido descubierto:
—No tengo idea. Solo… eres… raro —. Él lo miró como si hubiera dicho una barbaridad, Broly no supo porque, sí, en efecto, este niño es raro, tiene el cabello púrpura, los ojos azules y es un saiyajin; se supone que lo más habitual en su raza son el cabello y los ojos negros, un ejemplo de viviente de eso son Vegeta, Kakarotto, los hijos de Kakarotto y el mismo Broly.
—¿Raro? ¿Por qué soy raro? ¡Tú mides como dos metros!
—Los saiyajin solemos tener los ojos y el cabello oscuro. Como tu padre, Kakarotto, tu amigo y ese hermano mayor suyo. Eso es algo común en nosotros. Pero tú eres raro, porque tienes ojos y cabello claro. No lo digo en mal sentido, solo me refiero a que tu aspecto es inusual. — Él frunció aún más las cejas, en gesto de confusión, pero luego relajo su rostro y sonrió, Broly pensó que el niño tenía una sonrisa bonita, la guardaría en su mente como un lindo recuerdo.
—¿Eh? Entonces solo dime que me parezco a mi mamá. Eso tiene más sentido — Se sentó junto a Broly —. Oye, ¿Y tú cómo te llamas? Yo me llamo Trunks.
—Mi nombre es Broly. Es un gusto conocerte, Trunks… — Trunks volvió a sonreír, sus ojos brillantes en tranquilidad jovial, y la mente de Broly le susurró algo al oído.
Algo suave, una oración rápida y una pequeña declaración de fidelidad: “No me importaría morir por este niño”. Ante ese pensamiento, se encontró a sí mismo sorprendido, algo estaba funcionando de forma inusual en su cerebro; le restó importancia a esa inusualidad, decidió que tal vez no era un pensamiento tan extraño y dejó que su mente explorará el cariño que le tomó a este niño con tanta facilidad.
« Quién lo sabrá con certeza,
tal vez solo sea su subconsciente;
gritando por algo perdido,
y por fin encontrado,
después de mucho tiempo ».
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